Cuando tenía 6 años aprox. mi padre, ingeniero, quería transferirme ciertos conocimientos de vida. Como en la mayoría de las profesiones técnicas, dichas personas son un coñazo para expresar., Imagino que él, sintiéndose conocedor de sus no-capacidades, se hizo con una herramientas para implicarme en el proceso.De buenas a primeras, una mañana de domingo, me vi en un gran parque con unas mesas muy largas, con mi juego de ajedrez, para conocer la dinámica de las simultaneas de este juego. Me senté en una mesa, puse mis piezas en su sitio, y empezó a pasar frente a los jugadores, un maestro de ajedrez que jugaba con todos a la vez.
Yo estaba mas pendiente de que mi padre ganara la partida, cosa poco probable a pesar de su buen nivel, que de mi propia partida. Recuerdo con cariño al "maestro" mostrándose un tanto ingenuo frente a mi tablero, para que me motivara, e intentara ganarle.
Esta compañía de tres, ajedrez-padre-hijo, hizo que mi padre se viera gratificado cuando alrededor de mis 10 años de edad, le gané mi primera partida.
Hasta hoy, en muchas de las ocasiones en las que me encontré con mi padre, nos miramos, y acto seguido comenzamos a poner las piezas. Él es quien coje la caja, saca una pieza blanca (probablemente si está de las primeras el Rey o la Reina), la pone en el tablero de mi lado asignándome así ese color. El pretende seguir cuidándome con sus grandes manos, y yo que mantenga viva la ilusión que un día él creó. En fin, sigue siendo el Jefe.
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