Muchas veces, cuando miramos mucho un problema, nos olvidamos de la solución. Es como estar en el desierto muriéndonos de sed, llegar a un oasis con agua y seguir contando lo sediento que estamos... en lugar de beber!Si se lo hubiera captado en su esencia... el problema ya no existiría! Así, las largas descripciones de un problema no se encaminan hacia su solución. Cuando hablamos y hablamos sobre un problema, estamos contando nuestra manera de ver el mundo: una visión que -por supuesto- reforzará y justificará dicho problema, malgastando nuestra energía en lugar de conservarla para la solución.
Un problema encierra también su solución. Si vemos el problema sólo como problema no vemos el Todo y terminamos sabiendo mucho acerca del problema... pero nada de su solución.
Necesitamos redireccionar nuestra mirada y ampliarla con la intuición. Intuición que se activa cuando nuestra energía no se disipa en largas explicaciones. Si captamos la solución, ¿de qué nos sirve saber tanto del problema?
*Toda inquietud no satisfecha vuelve a aparecer
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